BORITO. Salvador Sánchez, Borito, El nombre del galdensees el de un luchador que no solo lo fue en el terrero. Después de abandonar la práctica deportiva ha dedicado toda su vida a difundir y llevar la lucha canaria a todos los lugares que ha podido, siendo uno de sus más firmes embajadores. Cuando está a punto de cumplir los 90 años de edad, todavía cuenta con fuerzas para seguir ya que, incluso, tiene algunos libros nuevos preparados para su edición.
Su biografía es tan extensa que harían falta varias páginas para relatarla, pero, en resumen, queda que fue mandador de la Unión Sur Tablero, Moyense y Bentejuí, equipo este último del que fue su fundador, pasó también como federativo, aunque por corto período de tiempo, pues no le gustó lo que vio, fue organizador de encuentros con representantes de la lucha islandesa, leonesa y senegalesa en diferentes momentos del tiempo, se distinguió como difusor del vernáculo deporte en ciudades como Madrid, Zaragoza o Barcelona. además de países como Cuba, Venezuela, Francia, Alemania o Austria, es escritor con más de 20 publicaciones entre libros y tratados sin contar todavía con los que faltan por aparecer en el mercado, ejerció de colaborador de diferentes medios de comunicación como revistas, periódicos, radios y emisoras y televisión, profesor de diferentes cursillos sobre lucha en Canarias y Cuba, participante en congresos sobre lucha canaria en Las Palmas de Gran Canaria, Santa Cruz de Tenerife y Alemania, Iniciador del proceso para que la lucha canaria fuera Bien de Interés Cultural, poeta y compositor musical de temas relacionados con la lucha canaria o colaborador en elaboración de un documental para Alemania...
Todo eso hace de Borito una persona entregada toda su vida al vernáculo deportivo en Múltiples facetas. Estuvo, incluso, a punto de ser el primer presidente del Guanarteme al principio de los setenta, pero no aceptó, aunque aparece en una famosa foto cuando se estaba constituyendo el club.
En su casa recuerda lo que ha dejado atrás: «Mi afición me viene gracias a mi abuelo, el notario Salvador García y gran admirador del Pollo de Buen Lugar, pues me llevaba a las luchas en el Campo España, siendo un niño con 10 años. Y ahí empecé a ver aquellos gigantes que me parecían los luchadores y mi cabeza comenzaba a pensar que yo quería ser luchador»..